Escultura Contemporánea: Arte Público y Espacio Público.

Arte Público y Espacio  Público

                                                                                    INTERFERENCIAS EN CIUDADES AJENAS – ABRIENDO LA BRECHA    

Foto para la web sobre espacio público

Foto by Anna María Cherubini

 

Me siento ciertamente contrariada, arte público y espacio público conviven en una irrealidad que no responde a lo que como ciudadanos entendemos por tales conceptos. Espacio público desde un punto de vista idílico, es una dimensión social específica, un lugar de debate, donde la ciudadanía desarrolla y ejerce su voluntad política, como señala el filósofo, Jürgen Habermas. Y es idílico porque hoy no es viable desarrollarse libre y críticamente en el espacio público, en nuestra “democracia” estamos sometidos a la despolitización ciudadana y una burocratización social creciente. Si Arte público es todo aquel que se desarrolla en lugares de acceso público, aunque Ramón Parramon lo tilda de categoría obsoleta pues “todo arte es público”, el arte público está ligado a factores ideológicos, a la ciudad como un entramado complejo y a un contexto sociopolítico concreto. Asimilar su comprensión de manera significativa se hace una tarea ardua, un proceso lento de interiorizar en que las administraciones no se han tomado el mínimo esfuerzo, ¿Por qué? Entiendo, no interesa transgredir el espacio reglado, el procedimiento pactado desde dentro. Esta confusión terminológica me recuerda que el arte es un servicio público además de un objeto de colección, museístico u otro modelo de consumo elitista al servicio del mercado, los estados deben asumir dicha responsabilidad y dar respuesta clara y precisa, estableciendo políticas culturales duraderas y coherentes para con sus ciudadanos.

Vivimos en ciudades genéricas, espacios sin identidad propia vinculados a continuos procesos de zafia modernización. El movimiento moderno, la maquinaria de la arquitectura alimenticia ha obviado el espacio público, lo ha reducido a lugares homogéneos y deshumanizados, con la consecuente pérdida de calidad de vida ciudadana. Un recorrido histórico desde el referente americano en torno al arte público en el texto de Gómez Aguilera es clarificador, pero es sobre todo revelador de la situación estancada en este país, obcecados en el arte de rotonda y no muy alejados de la plop sculpture –modelo del 1%- .

Haciendo retrospectiva, EEUU inicia un cambio de rumbo a partir de los 60 planteando progresivamente cuestiones que van más allá de la tradición academicista o la mera decoración exterior. El land art, los earth works expanden la producción artística a otros territorios que dialogan con la naturaleza y cuestionan el mercantilismo del arte. Otro avance son las esculturas públicas donde el espacio se redefine y las obras se abren al entorno y dialogan con él  –The Picasso, Flamingo o Batcolumn-. Con el Site specific, dan cuenta de la preocupación y el cuidado del espacio destinado a la obra, algo que aquí aún soñamos. La aparición de la National Endowment for the Art (NEA) tiene mucho que decir, adaptándose a los nuevos enfoques, evolucionando y posicionándose conforme a los nuevos retos sociales. Es definitorio el planeamiento participativo, argumentado en procesos de interacción y comunicación a partir de la percepción moral y la experiencia estética para romper el dominio unidireccional. Posteriormente el reconocimiento de la naturaleza política del espacio público, asume que el arte público puede proyectarse críticamente sobre el territorio. Ya no basta con producir arte público en contexto, el lugar contiene al público que es “contenido” humano y lo público como Institución no da respuesta ni escucha los intereses de la comunidad, así el emplazamiento es desplazado por el new genre public art, nuevo género de arte público o arte público crítico. Un arte de su tiempo, comprometido con el lugar en que se produce, sus particularidades, su dimensión social, económica y política y una transformación del papel del artista como agente aislado, que supera la concepción tradicional, desmitificando el culto al creador. Son ejemplos de trabajo en esta línea, Susan Lacy, Guerrilla Girls, Group Material,… caracterizando su producción artística en base al público, la implicación social y el trabajo con la comunidad.

Traspasar el arte de concepto hacia un arte de contexto, es avanzar y reconocer la densidad formal de toda obra pero también su dimensión social y relacional, propiedades inherentes del arte que nos interesa. El arte público ha de implicarse necesariamente en una discusión política para desarrollar sus producciones artísticas, conquistar el espacio público, formar parte y participar de y en él. Armajani subraya el valor del “arte como mediación” y la no existencia de  modelos para el arte en los espacios públicos, indicativo de la necesidad de tomar conciencia para crear un nuevo espacio público.

Afortunadamente hay focos de luz, voces críticas que intentan visibilizar, señalar conflictos, surgen nuevos enfoques fortalecidos por los movimientos anti-sistema que hoy debido a la situación de crisis generalizada cobran más fuerza  y comienzan a engullir un modelo hegemónico y universal de ordenación del territorio. Como suscribe Martí Peran, en las periferias surgen centros que se han multiplicado, otros espacios puntualmente liberados de la lógica productiva, ensayando nuevas maneras de estar juntos, en una esfera pública plural.

Marta Herrán Alonso.

About A. Moreno

Hoy se encuentra trabajando en un proyecto artístico con marcado compromiso social. La obra de Augusto deja de hablar sobre sí misma para dar voz a la sociedad, es ésta quien se apodera del objeto artístico. En palabras del artista; “Yo trabajo con el espacio y la estética que considero más acertada en cada caso, los conceptos que el público escribe o dibuja en las servilletas. No altero, ni gestualidad ni contenidos.”

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