Escultura Contemporánea: Nuestro pequeño huerto

Nuestro huerto como un proyecto artístico, esculturas que nos cuentan cosas…

Desde hace más de cinco años  Marta y yo venimos cultivando nuestro  huerto en casa. Se trata de un mini huerto, pues no tiene más de 2 x 4 m, sin embargo para nosotros es un disfrute preparar la tierra, abonarla con estiércol de caballo que recogemos cerca de casa y  transportamos en bolsas, ir a por los plantones, sembrarlo y cuidarlo. El seguimiento es a diario; por las mañanas, sobre las 7:30 h, salgo a ver como ha crecido. Es curioso, pero casi puedo escuchar y sentir como se desperezan los plantones. Este año hemos plantado; lechugas, tomates de diversas clases, pimientos y fresas. No es mucho ni muy variado, lo importante es que nos da a nosotros y a nuestros hijos la oportunidad de trabajar con las manos la tierra, tocar las plantas, oler su espléndido e inconfundible aroma,  cuidarlo y en el futuro, recoger el fruto de ese amor entregado a la tierra. Sinceramente se lo recomiendo a todo el mundo. El contacto directo con la naturaleza; con los animales y con las plantas, nos hace sentir de donde venimos y quienes somos.

Hoy vivimos en un mundo globalizado, donde la tecnología nos abruma y acelera sobremanera, nos estresa. Es cierto que ofrece muchas ventajas, da la oportunidad de estar de manera virtual, en multitud de lugares en tiempo cero, de conocer al instante lo que ocurre al otro lado del planeta, de desplazarnos en tiempo irrisorio… pero también es cierto que de alguna manera, nos deshumaniza. El equilibrio en relación a nosotros y a nuestro entorno es el punto ideal para una vida psicológica-mente sana. No hay que renunciar a nuestro mundo, a nuestra sociedad, a los logros conseguidos por la humanidad… pero sin duda tampoco hay que renunciar a la naturaleza, a lo que somos y formamos parte. La urbe, entendida como ese espacio que te atrapa y no te deja salir, que aparta a ese reencuentro con uno mismo…  hay que estar alerta. No puedo entender que existan niñ@s que jamás vieron una gallina, tan sólo el huevo, o no conozcan una vaca y sí, la leche que se beben, incluso que no sepan como es la planta del tomate que se comen, si es que conocen al tomate.

Como persona me planteo estas cuestiones; por un lado el mundo moderno, global, industrial, las nuevas tecnologías, el desarrollo… y por otro lado la naturaleza del ser, el contacto con animales y plantas, el cuido, la paciencia, la ilusión, el amor… en las dos cuestiones me encuentro con el hombre, con la mujer. El ser humano, como animal inquieto e inconformista, no para de investigar, de evolucionar y lo hace a un ritmo frenético, no paralelo a la naturaleza. Él va por un lado y la naturaleza por otro.

Cuidando el huerto, escultura contemporánea

Escultura basada en el proceso de crecimiento, desarrollo y muerte de nuestro huerto.

Estas reflexiones creo que están bastante generalizadas, no es una una apreciación exclusivamente mía, la humanidad se las plantea, de ahí la aparición de huertos ecológicos, de huertos urbanos, de huertos verticales etc… es como llevar la naturaleza a la ciudad. Cosa que no sería necesaria si el ser humano hubiese planteado otro tipo de ciudad, es decir, una ciudad natural, donde la naturaleza formara parte, una ciudad no de jardines y parques, más bien una naturaleza como ciudad. Este pensamiento ocupa y preocupa mi tiempo, pero exactamente no es el motivo de este post.

A nivel personal os diré lo mucho que me llena tener y cuidar un huerto, creo que es una dedicación de tiempo, que sin duda recompensa. Te hace más humano y no deja que la prisa, el estrés, se apoderen por completo de tí, es como un oasis en el desierto. Es un asidero donde te encuentras contigo, donde la calma y la tranquilidad te dan la energía que la urbe te roba. Es el equilibrio del que antes hablaba y tan importante para el ser humano.

Como artista me planteo estas cuestiones de otra manera. Profundizar en la parte sensible, en el yo interior, en producir una percepción, una visión distinta de esta realidad. Curiosamente, antes nunca me llamó la atención la fotografía, sin embargo con los proyectos que venimos realizando la he tenido que usar, prácticamente a diario y se ha convertido en mi aliada. Poco a poco he descubierto como cambia la percepción de la realidad vista a través de una cámara y cómo una digital, por sus infinitas y rápidas posibilidades te abre a nuevas propuestas.

He ido, casi intuitivamente, fotografiando las plantas del huerto y del jardín. La planta y no el árbol, quizás porque se puede apreciar su evolución de manera más rápida. Ésto, en principio no tuvo una finalidad artística, sencillamente era por el placer de hacerlo. pero como siempre, mi mente me juega malas pasadas y al final… una cosa te lleva a otra y… total, que se convierte en parte de un proceso creativo y en fin… ahí estoy.

La idea de huerto directamente ligada a la arquitectura rural, o sea, a la construcción más ancestral y natural del hombre. Representada a través de fotos impresas en servilletas de papel, en blanco y negro, cual si se tratase de dibujos donde rescatar la esencia y no perderse en otras cuestiones que nos da el color. No sólo su belleza, que la tiene, más su significado, la construcción de unos valores que subyacen en la naturaleza y del que el hombre es su único valedor como especie creadora. Ese sentido de crear con la naturaleza, en un conocimiento primigenio. La creación en todos sus aspectos como conocimiento, el conocimiento como creación y condición humana. Sin duda un huerto depende del cuido de su creador o creadora, sin los mimos y la protección de éste, no llegará a su madurez. La servilleta de papel es frágil, de ahí representar las plantas  en ellas, aludiendo a esa fragilidad y lo efímero de su existencia, nacimiento, desarrollo y muerte.

Cuidando el huerto, escultura contemporánea

Escultura basada en el proceso de crecimiento, desarrollo y muerte de nuestro huerto.

En un sentido diferente,  tenemos otra idea de construcción, también creada por el hombre. Esta vez con materiales altamente manufacturados, industrializados, pero cuyos componentes provienen también de la madre naturaleza. Poner en un mismo escenario ese juego constructivo, donde la creatividad está presente en ambas, donde se busca ese equilibrio de las fuerzas en construcción y donde se pone en evidencia la fragilidad de ambas. Las servilletas intervenidas se adhieren a esa construcción en chapa forjada y soldada, igualmente por la mano del hombre. El producto intenta crear ese debate del que antes hacía alusión, la convivencia del mundo natural con el mundo moderno, más deshumanizado, más industrial y tecnológico. Es cierto que no resulta fácil, de ahí que la chapa se sostiene únicamente en un punto, salvando la gravedad, pero también la realidad de lo posible.

La idea de lo posible, de la convergencia de dos maneras distintas de creación, como enlace, yuxtaposición. La una con la otra y su suma el todo.

Es una manera de conocimiento, a través del pensamiento, de la percepción,  nos crea interrogantes. Con la percepción del producto, hacernos caer en la cuenta, del hombre y la naturaleza, a través de lo cotidiano y diario, el huerto personal, mi huerto, su cuido. El hombre como creador y constructor de vida. La vida natural y la construcción de artefactos con un sentido estético que nos evocan otros espacios, otras sensaciones, que desde luego no nos dan de comer, sólo alimentan el alma, que ya es mucho.

La capacidad creadora; convertir una chapa industrial, fría, rígida, plana en algo distinto, en  escultura, llena de luces y sombras con formas sugerentes… apariencia de un gran papel que contiene multitudes. Servilletas de papel fino llenas de tiempo y de vida.

 

About A. Moreno

Hoy se encuentra trabajando en un proyecto artístico con marcado compromiso social. La obra de Augusto deja de hablar sobre sí misma para dar voz a la sociedad, es ésta quien se apodera del objeto artístico. En palabras del artista; “Yo trabajo con el espacio y la estética que considero más acertada en cada caso, los conceptos que el público escribe o dibuja en las servilletas. No altero, ni gestualidad ni contenidos.”

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